Stakeholders y gestión del cambio: donde realmente se decide el éxito de un proyecto

Cuando un proyecto acumula retrasos, sobrecostes o una resistencia creciente al cambio, casi siempre buscamos la explicación en un alcance mal definido, una planificación deficiente o unos plazos demasiado optimistas.

Es una reacción lógica. Yo mismo también pensaba así hace años. Sin embargo, después de participar en numerosos proyectos y de debatir este tema con alumnos y profesionales de distintos sectores, he terminado llegando siempre a la misma conclusión: el verdadero problema no suele estar en el cronograma, sino en las personas que nunca llegamos a comprender.

Y no me refiero únicamente a enviar más comunicaciones, convocar más reuniones o mantener actualizado un registro de interesados. Hablo de comprender quién puede influir realmente en el éxito de una iniciativa, quién se verá afectado por ella, quién puede convertirse en un aliado y quién, sin necesidad de oponerse abiertamente, tiene capacidad para ralentizar o incluso bloquear el cambio.

Lo curioso es que hablamos constantemente de gestión de stakeholders. Aparece en cualquier guía, metodología, certificación o curso sobre gestión de proyectos y, sin embargo, creo que sigue siendo una de las disciplinas peor entendidas y peor aplicadas en muchas organizaciones.

¿Analista de proyectos o arquitecto de valor? Mi análisis comparativo entre el PMI-PBA y el CBAP

Cuando obtuve la certificación #PMI-PBA y, poco después, la #CBAP, me di cuenta de que tenía dos manuales que compartían el mismo idioma pero lo hablaban con acentos muy distintos.

Y como no me gusta quedarme en sensaciones, hice lo que suelo hacer cuando algo no me encaja: montar un Excel comparativo de ambos enfoques.

Crucé el ecosistema documental del #PMI-PBA, el Business Analysis for Practitioners: Practice Guide con sus 5 áreas temáticas y el PMI Guide to Business Analysis con sus 35 procesos agrupados en 6 áreas de conocimiento, con las 30 tareas del #BABOK v3, distribuidas en sus propias 6 áreas de conocimiento. Mi objetivo era ver dónde divergían y qué implicaba esa divergencia en la forma de trabajar. Lo que empezó como un ejercicio de orden acabó siendo una reflexión sobre algo más importante: no qué certificación elegir, sino qué papel queremos desempeñar como analistas dentro de una organización.