Transformar sin comprender el qué … puede significar digitalizar el caos
Vivimos una época en la que la velocidad parece más importante que la dirección. Se ejecutan tareas, se automatizan y se adoptan tecnologías con un sentido de urgencia que rara vez deja espacio para la reflexión. Automatizar, integrar, optimizar… palabras que suenan a innovación, pero que en muchas ocasiones solo describen movimiento sin dirección.
Invertimos mucho en plataformas innovadoras, IA o soluciones de automatización, convencidos de que la tecnología, por sí sola, transformará la organización. Pero acelerar sin entender qué se está acelerando no es transformación: es precipitación. Y a veces, autoboicot.
El verdadero problema no está en la tecnología, sino en la falta de comprensión previa de cómo y dónde aplicarla. La prisa por mostrar resultados lleva a digitalizar sin entender cómo funcionan los procesos en realidad. Y cuando eso ocurre, la tecnología no ordena: amplifica. Si el proceso es sólido, lo impulsa; si es confuso, solo acelera el desorden.
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